2009/02/25

Jaime Milans del Bosch ¿El Elefante Blanco?

Capitán General de la III Región Militar, y el único que se sumo sin reservas en el apoyo al 23F. Pertenecía a una familia noble de tradición militar (llegaba a jactarse, incluso, de que tanto su abuelo como su padre habían participado en golpes de Estado).

Durante el 23F, fue el único de los capitanes generales de España que se sumó al golpe sin reservas y realizó acciones ofensivas de importancia: sacó algunas compañias de carros de combate a la calle, desde el puerto de Valencia hasta el centro de la ciudad, donde apuntaban a los edificios institucionales, como el Ayuntamiento o las Cortes valencianas. Declaró el Estado de excepción e intentó convencer a otros militares de secundar la acción.

Según investigaciones del Mundo TV (Antonio Rubio y Manuel Cerdán) "El elefante blanco" que el teniente coronel Antonio Tejero Molina esperaba en el Congreso la tarde del 23-F era Jaime Milans del Bosch.

Tras el mensaje televisado del rey Juan Carlos I, los militares que aún no se habían pronunciado, decidieron quedarse de lado de la legalidad. A pesar de la falta de apoyos, Milans del Bosch se negó a deponer las armas, no entregándose hasta las 5 horas de la mañana del día 24.

El 8 de marzo de 1981 fue procesado y juzgado por un tribunal militar. El 3 de junio de 1982 fue expulsado del ejército y condenado a 26 años y 8 meses de prisión.

Estuvo también implicado, a pesar de estar preso, en la conspiración golpista del 27 de octubre de 1982. Consta que se entrevistó con el coronel Muñoz Gutiérrez, uno de los tres implicados estando en la prisión de Fuencarral. Milans del Bosch sería liberado y lideraría el resto de acciones en el frustrado golpe de Estado.

Sin embargo, apenas 9 años después, en 1991, fue indultado y puesto en libertad debido a su avanzada edad.

Nunca llegó a manifestar arrepentimiento por su implicación en el golpe. Tras salir de prisión, volvió a instalarse en su Madrid natal, donde murió de un tumor cerebral en 1997:


EL PAÍS, Madrid
Jaime Milans del Bosch falleció ayer en Madrid a los 82 años. El ex teniente general fue uno de los militares de más alta graduación que organizó y ejecutó el intento de golpe de Estado contra la democracia el 23 de febrero de 1981, por lo que fue juzgado y condenado a 26 años de prisión. Desde que fue excarcelado el 1 de julio 1990, vivía en su casa de La Moraleja (Madrid), donde le sobrevino la muerte en la madrugada del sábado, según su familia. Fue enterrado ayer por la tarde en la cripta del Alcázar de Toledo, instalación militar que defendió cuando comenzó la guerra civil.


Varios tanques atraviesan una calle de Valencia
el 23-F por orden de Milans del Bosch (EL PAÍS).
Milans del Bosch nació en Madrid el 8 de junio de 1915. Nieto del jefe del Cuarto Militar de Alfonso XIII y miembro de una familia castrense, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo en 1934, a los 19 años. En la guerra civil española luchó en la defensa del Alcázar de Toledo, donde resultó herido. Posteriormente fue destinado a la VII Bandera de la Legión, donde permaneció durante el resto de la guerra. En 1941 fue voluntario a combatir en Rusia, en la División Azul.

Milans fue agregado militar en las Embajadas de España en Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay. En 1971 fue promovido a general de brigada, destinado en la División Acorazada Brunete número 1, unidad de la que se convirtió en máximo jefe tras ser ascendido, en 1974, a general de división. En diciembre de 1977 fue nombrado teniente general, con mando en la Capitanía General de la III Región Militar, con sede en Valencia. En ese cargo, confirmó la sentencia absolutoria del general de la Guardia Civil Juan Atarés, juzgado y absuelto en un consejo de guerra por insubordinación con el entonces ministro de Defensa Manuel Gutiérrez Mellado.

En la tarde del 23 de febrero de 1981, poco después de que el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero asaltara el Congreso de los Diputados, decretó el estado de excepción en Valencia, por su cuenta y riesgo, y desplegó carros de combate, camiones, cañones antiaéreos y tropas de infantería en los puntos estratégicos de la ciudad, que quedó así bajo control militar. Pese a retirar las tropas tras el mensaje del Rey por televisión, mantuvo el estado de excepción hasta altas horas de la madrugada.



Artículo de Javier Tusells:
Armada atribuyó a Milans la condición de líder del Ejército y Gutiérrez Mellado empleó el término «militarote» para describirlo, pero estos juicios no eran contradictorios y ambos tenían razón. Muy condecorado y a cargo de algunas de las máximas responsabilidades militares, Jaime Milans del Bosch era considerado en el momento de la muerte de Franco como uno de los generales más brillantes del Ejército español. En un informe del que puede haber sido autor Luis Díez Alegría y recibió don Juan de Borbón aparece como uno de los tan solo cinco generales de División -había 40- con verdadero prestigio. En ese texto se menciona su condición de monárquico, que le venía de familia.

Pero otro Milans del Bosch estuvo al lado de Alfonso XIII cuando éste aceptó el golpe de Primo de Rivera en 1923 y su pariente nunca ocultó una actitud muy reticente frente a la transición. Se quejó de la influencia de la izquierda, de los Estatutos Vasco y Catalán y de las actuaciones de los partidos. Fue responsable de que un incidente de insubordinación ante Gutiérrez Mellado fuera liquidado sin sanción. No dudaba incluso en mantener un pugilato personal con algunos de los dirigentes políticos del momento: altas autoridades del Estado recuerdan todavía cómo no acudía a recibir a Suárez al aeropuerto de Valencia cuando el presidente acudía allí en visita oficial. Estando al frente de la División Acorazada sugería tan a menudo que iba sacar los carros de combate a la calle que alguien le repuso que se notaba que no pagaba el combustible. En todo ello -que permite conceptuarle como «militarote»- no resultaba en absoluto excepcional. Hoy en día parece obvio que la resistencia de los generales de entonces a admitir la transición hacia la democracia fue mucho mayor de la que se admitió en aquellos mismos momentos.

¿Cómo se explica, entonces, que ocupara tan altos puestos? La respuesta a este interrogante se encuentra en que los habría alcanzado de mucho mayor rango si su condición de líder no se hubiera visto doblada por la de «militarote». En condiciones normales hubiera llegado a la Jefatura del Alto Estado Mayor o a la Capitanía General de Madrid. Sus quejas se podían interpretar, con benevolencia, como un intento de poner un techo máximo al cambio hacia la democracia. Luego se vio que no era tan sólo éso. Pero los dirigentes de la transición tenían poco donde elegir. Como decía Gutiérrez Mellado, «no se puede sacar una manzana de un cesto de fresas».

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